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La subida de la leche ¿Cómo experimentarla sin problemas?

23 Abril 2013 No Comment

subida de lecheEn el embarazo, tu pecho se prepara para amamantar a tu hijo.

Es un proceso gradual, que comienza cuando se confirma la gestación; de hecho, los cambios en las mamas (sensibilidad, aumento de tamaño…) son los primeros signos de que esperas un bebé.

Una vez más, la naturaleza juega a favor de tu hijo; por eso tendrás calostro cuando nazca tu bebé, aunque sea antes de la fecha prevista (de hecho, tu cuerpo empieza a fabricarlo a partir del quinto mes de gestación).

En el embarazo, la placenta contribuye a formar los alvéolos, los “recipientes” donde se fabrica tu leche; por ello, muchas embarazadas segregan gotitas de calostro en el tercer trimestre.

Para que la lactancia se ponga en marcha es necesaria la participación de varias hormonas (prolactina, oxito-cina…) que se activan tras el parto, provocando la subida de la leche unos tres días más tarde.

¿Qué sentirás?

Con la subida de la leche, los pechos aumentan de tamaño y se llenan de leche, pero cada mujer vive estos cambios de forma diferente: hay casos en los que resulta dolorosa, y otros en que no se siente nada. No obstante, no hay relación entre las molestias que puedan surgir con la subida y la cantidad de leche que se fabrica, como tampoco la hay entre el tamaño de las mamas y la producción láctea.

• Cuando conlleva molestias. Si el niño mama con frecuencia y en buena posición, vaciará el pecho y casi no habrá riesgo de inflamación o ingurgitación. No obstante, es normal sentir las mamas calientes, congestionadas y algo doloridas y que algunas mujeres lo pasen mal en las primeras tomas. Esta mayor sensibilidad desaparece a medida que madre e hijo sintonizan oferta y demanda.

• Cuando pasa inadvertida. Hay mujeres que no sabrían precisar el momento en el que se ha producido la subida. Al no notar nada, algunas piensan que no tienen leche, pero si el bebé engorda y hace pipí y caca según las pautas normales, es que la subida ha tenido lugar.

• Cuando hay problemas. Seguro que has oído que con la subida los pechos se ponen “duros como piedras”, pero esto, más que indicar abundancia de leche, es síntoma de ingurgitación mamaria, un problema que puede provocar fiebre y malestar, y que aparece cuando se acumula leche en el pecho. Para volver a la normalidad debes intentar sacarla: pon a tu hijo a mamar con frecuencia y, cuando acabe, extráete la que quede (sólo la imprescindible para no sentir los pechos congestionados, pues si no, estimularías la producción).

Si tu pecho está tan inflamado que el niño no se agarra, sácate un poquito de leche antes para aflojar la zona del pezón y la areola. Para calmar las molestias, es bueno que te apliques calor en la zona antes de las tomas y frío entre ellas, e incluso puedes tomar analgésicos o antiinflamatorios, como paracetamol o ibuprofeno, sin ningún riesgo.

También al comienzo de la lactancia es normal notar cómo se moviliza la leche antes y durante la toma. Se percibe como un hormigueo y una presión, que pueden molestar mucho si el pecho no se vacía (¡querrás que tu hijo esté hambriento!). Con el tiempo desaparecen: no es que la madre ya no tenga leche, sino que la producción se ha adaptado a las demandas de su hijo.

Así favoreces la subida

El secreto para que la subida de la leche transcurra sin problemas se traduce en dos palabras: inmediatez y frecuencia. Amamanta a tu hijo nada más nacer (si es posible en la primera hora o media hora tras el parto) y permítele que tenga “acceso directo” a tu pecho, aunque no vaya a comer (lo que se llama succión no nutritiva, que  realiza para calmarse, sentirte…). Si le das de mamar frecuentemente (sin sujetarte a horarios), tu cuerpo capta la señal y comienza a fabricar la leche que sustituirá al calostro.

Se ha comprobado, además, que cuando se ha amamantado ya a un bebé, la leche tarda menos en subir y el pequeño gana peso antes que sus hermanos mayores.

Situaciones especiales

• Cesárea. Es la expulsión de la placenta la que origina la subida de la leche. Por tanto, el tipo de parto no interviene. Si das a luz así, sólo deberás buscar una postura cómoda y en la que tu hijo no se apoye en la cicatriz.

• Bebé prematuro. Nacer antes de tiempo no es un impedimento para mamar; se ha comprobado que por encima de 1,500 kg pueden hacerlo. Además, la madre fabrica una leche adaptada para los prematuros que, más que ningún niño, necesitan beneficiarse de las excelentes propiedades de la leche materna.

• La subida se retrasa. Hay casos en los que tarda cuatro días o más. No te angusties: el calostro alimenta perfectamente a tu hijo y, a no ser que el médico observe que su ganancia de peso no es la adecuada, no hará falta que tome nada más. Algunas de las circunstancias que pueden provocar el retraso son padecer diabetes insulino-dependiente, ser obesa y haber sufrido un estrés intenso en el parto.

¿Y si no quieres dar el pecho?

Si has decidido que no quieres dar el pecho, tendrás que avisarlo en la maternidad cuando des a luz. Dependiendo del centro, te darán o no un medicamento para cortar la afluencia de leche (aunque esta práctica, al igual que la de vendar fuertemente los senos, está en desuso). En unos días, el cuerpo dejará de fabricar leche, puesto que la producción cesa si el pecho no se estimula o bien directamente o bien mediante un sacaleches.

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