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Cómo tratar con el perfeccionismo en los niños

21 agosto 2012 No Comment

Cómo tratar con un niño perfeccionistaMuchos padres se sienten perplejos al notar que sus hijos muestran tendencias perfeccionistas (pasan realizando sus tareas escolares por horas porque ven que no están bien hechas, se sienten frustados cuando ganan un nueve en lugar de un diez, etc.),  y no saben que hacer al respecto 

Es importante observar que la conducta perfeccionista tiene más aspectos negativos que positivos.

¿Qué esconde, en realidad, el perfeccionismo de un niño?

Los niños perfeccionistas tratan de protegerse a sí mismos de la vergüenza, la crítica, la rabia o la desaprobación, controlando su desempeño y las reacciones de los demás.  Ellos tiende a ser demasiado ansioso cuando comete errores, experimenta un miedo crónico a la humillación y su autoestima se basa en un rendimiento perfecto.

Con frecuencia, tiene sentimientos de insuficiencia y se ve a sí mismo como un ‘perdedor’ debido a sus elevadas expectativas o a las de los adultos que lo rodean.

Igualmente, le teme al fracaso, se concentra en los errores cometidos mas no en el esfuerzo invertido; se impone metas rígidas, piensa en el producto final antes que en el proceso de aprendizaje y pierde el entusiasmo por aprender.

Todo lo anterior se ve reflejado en un temor incontrolable a equivocarse; un deseo de evitar la crítica; extrema precaución, necesidad de seguir las reglas al pie de la letra, preocupación y arduo trabajo.

Aquellos chicos que muestran tendencias perfeccionistas tienen dificultad para funcionar dentro de un aula de clase, ya que desarrollan expectativas exageradas respecto a sus capacidades que, incluso, les impide adelantar o terminar un trabajo escolar porque éste no alcanza el grado de perfección esperado (no es lo suficientemente bueno). Comienzan a surgir, entonces, la baja autoestima, la sensación de insuficiencia y el bajo desempeño.

El perfeccionismo destruye la curiosidad natural para aprender y se relaciona con ansiedad (estados de miedo), desórdenes psicosomáticos (como dolores de cabeza), depresión y conductas suicidas. Es producto de la combinación de tendencias innatas e influencias ambientales, y tiene un efecto contrario a su intención primaria.

Es común encontrar esta característica en niños con capacidades excepcionales (aunque también se presenta en niños normales) y parece surgir del deseo de ser considerado el mejor en todo; es entonces cuando estos ‘pequeños prodigios’ prefieren evitar nuevos retos o experiencias antes que asumir un fracaso o demostrar sus debilidades para, de este modo, alcanzar un nivel superior de desempeño; sin embargo, terminan por rendir muy por debajo de lo esperado. Cuando intentan ser perfectos en todos los aspectos de su vida, son susceptibles al agotamiento.

¿Cuáles son las manifestaciones más visibles del perfeccionismo infantil?

Las tendencias perfeccionistas se manifiestan en aplazamiento, extremo cuidado y dificultades sociales.

Aplazar. El niño pospone las tareas por temor a sentirse incompetente para terminarlas perfectamente o no las completa porque siempre existe la oportunidad de mejorarlas.

Extremadamente cuidadoso. Se le dificulta diferenciar lo importante de lo que no lo es e incluye detalles excesivos en trabajos
orales y escritos.

Dificultades sociales, inhibición social por miedo a que los demás se den cuenta de sus defectos; necesidad de estar en lo correcto todo el tiempo; tendencia a criticar a otros y distanciamiento de cualquier tipo de encuentro social o afectivo.

¿Qué pueden hacer los padres para prevenirlo?

La perfección de las cosas es una meta deseable, pero cuando se busca de manera obsesiva resulta contraproducente.

Enséñale a tu hijo que su valor no reside en lo que produce sino en lo que es, ya que algunos infantes suelen recibir halagos por logros obtenidos en determinados campos y perciben que su valor reside en lo que son capaces de producir.

Anímalo a priorizar y decidir qué tipo de actividades merecen el máximo de energía y cuáles son menos importantes. Explícale que en cada una de las tareas su desempeño va a ser diferente.

Asegúrate de que las críticas vayan acompañadas de halagos.

Establece parámetros de rendimiento razonables para tu hijo.

Alábalo por acciones que no tengan nada que ver con logros como: cooperar, compartir, recordar o jugar honestamente.

Reconoce el esfuerzo y no el resultado. Por ejemplo: felicita a tu hijo por el empeño que le puso al trabajo mas no por el logro obtenido.

Evalúen juntos en qué áreas tienen debilidades y en cuáles fortalezas. Recuérdale que nadie es perfecto en todo lo que hace (habíale de los diferentes tipos de inteligencia).

Ayúdale a fijar metas razonables y a crear un plan de acción. Es necesario que comprenda que los logros se obtienen de forma gradual con el paso del tiempo.

Redefine la palabra error: éste es un camino hacia el aprendizaje y no necesariamente significa fracaso.

Alaba su intento por explorar nuevas actividades sin tomar en consideración su desempeño.

Aplaude su esfuerzo, especialmente cuando tome riesgos o supere obstáculos difíciles.

Hazlo caer en cuenta de los comentarios que hace sobre sí mismo y si éstos son duros y destructivos. Haz que explore otras formas de autocrítica más constructivas.

Estimula su buen sentido del humor, en especial para consigo mismo.

Enséñale la importancia de completar una tarea asignada más que pretender alcanzar en ésta un grado de perfección.

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