Home » Headline - Lo nuevo, Psicología infantil

Qué hacer si el niño quiere mandar en casa?

16 noviembre 2012 No Comment

Que hacer si el niño quiere mandar en casa? Muchos padres al ver la conducta que sus hijos manifiestan hoy en día  dicen, con preocupación, frases ya muy conocidas como “Antes, eso no podía suceder” o “en mis tiempos, eso ni se imaginaba”.

Definitivamente antes era un mundo en que los niños no hablaban y menos aún, opinaban; una época en que los padres escogían por ellos la ropa, los alimentos, sus juguetes e, incluso, las diversiones. Las personas mayores eran las dueñas del mundo y no existían tantos jóvenes al frente de empresas importantes como sucede actualmente.

Hoy todo ha cambiado… ¡Hay padres que obedecen y niños que dan órdenes! ¡Niños que deciden y escogen… y padres que aceptan y transigen! Y esta situación la han sabido aprovechar las grandes compañías que desean vender lo más posible sus productos. Los anuncios comerciales que promueven artículos para niños como ropas, alimentos, juguetes, efectos eléctricos, y hasta computadoras, hacen uso de ese poder que ejercen los más pequeños en nuestra sociedad actual.

Los mensajes comerciales van dirigidos directamente a los niños y sacan buen partido del autoritarismo que ellos ejercen sobre sus padres obedientes.

¿Hasta dónde los padres deben ceder?

Los métodos educacionales han cambiado y ahora se deja opinar abiertamente al niño quien permanece más tiempo despierto y está más integrado a la vida familiar.

En nuestros días, el niño suele escoger su ropa, selecciona sus alimentos en el mercado, e interrumpe la conversación de los mayores para dar sus opiniones. Indudablemente, estos métodos educativos ayudan a desarrollar la personalidad del niño y fortalecen su amor propio. Pero si se exagera esa libertad, podríamos crear pequeños tiranos… ¡niños que dan órdenes a padres que obedecen!

En las relaciones cotidianas entre padres e hijos, los pequeños emplean hábilmente muchas estratagemas para conseguir lo que desean. Los padres suelen ceder ante estos ardides y llegan a convertirse, inconscientemente, en víctimas del niño.

Precisamente, para ejercer su poder, el niño comienza con la táctica del chantaje: “si no me das tal cosa es porque no me quieres…”. Acude al elemento afectivo, que es el recurso más eficaz para conseguir lo que quiere. El sabe —y está convencido de ello— que sus padres lo aman. A partir de esa verdad, llega a probarse a sí mismo: descubre que, a pesar de su pequeña estatura, tiene un gran poder sobre sus padres porque él significa, emocionalmente, algo muy grande para ellos. Una vez descubierta esta arma, el niño la emplea eficientemente a su favor.

El niño detecta las debilidades de los padres y comienza su hábil chantaje infantil… Trata de convencerlos de que le permitan hacer lo que quiere, y una vez ganada esta primera batalla, ¡ya el niño está preparado para dar órdenes y los padres están condicionados a obedecer! Comienza con sus peticiones infantiles (verdaderos chantajes que encierran la futura orden): “si me quisieras, me dejarías jugar un rato más”, “si me quisieras, podría llevar este juguete a la escuela”.

Pero este ardid que explota el elemento afectivo es sólo un arma más del arsenal infantil. El niño también aparenta tener celos, simula tristeza, finge una enfermedad, o maneja muy bien la indiferencia. El sabe cuándo, cómo y con quién usar estas tácticas, y al emplearlas, además de obtener lo que desea, está delimitando otros aspectos muy importantes: hasta dónde pueden llegar, y hasta dónde le permiten ir sus padres.

Para asombro de los padres, el pequeño tirano ha venido utilizando sus armas con una habilidad increíble… ¡y ahora da órdenes que ellos se ven obligados a obedecer!

El niño desarrolla tácticas para convencer a los padres de que le permitan hacer lo que quiere… Si usted no está debidamente preparada para enfrentar esta situación, corre el riesgo de establecer una relación entre ¡niños que dan órdenes y padres que obedecen! ¡Alerta!

Siempre han existido hijos que dan órdenes

Los hijos siempre han tratado de conseguir lo que desean acudiendo a sus propias fuerzas. El objetivo es imponer su voluntad, es decir, manipular a sus padres en un intento por conseguir lo que desean.

Hay que tener en cuenta que la manipulación emocional es una característica natural en las relaciones entre padres e hijos. Es un elemento que está presente en todo momento en ese tipo de relación filial… Pero lo mismo es empleado por los hijos que por los padres.

Los niños que intentan manipular a sus padres lo hacen, primeramente, para poner a prueba sus fuerzas y conocer el límite de tolerancia que tratan de imponerles los mayores.

Esto, a su vez, lo pueden haber aprendido de sus padres, pues ellos también manipulan a sus hijos en el aspecto emocional cuando quieren que los pequeños se comporten de una forma específica. Los regalos que se hacen al niño como una forma de estímulo positivo son muy constructivos. Pero, lamentablemente, muchos padres utilizan este recurso de forma negativa: “te hago este regalo si obtienes buenas calificaciones en el colegio, o te compro un nuevo juguete si te portas bien mientras esté la visita en la casa”.

¡Esto es una manipulación… aunque se haga con buenas intenciones! Y, por supuesto, en ejemplos como éste, es difícil determinar quién manipula a quién pues los padres creen tener cierta autoridad sobre sus hijos porque estos obedecen… mientras que el niño se siente alguien muy importante que puede influir sobre la voluntad de sus padres a cambio del comportamiento que él mantenga.

En este tipo de situación el niño utiliza su conducta para recibir un regalo… o el padre utiliza al pequeño motivándolo a actuar de una forma determinada a través de una oferta tentadora.

¿Por qué los niños intentan dar órdenes a los adultos?

Son varios los motivos por los cuales el niño despliega tácticas infantiles muy habilidosas y sutiles para dirigir la acción de sus padres. Entre ellos se encuentran los siguientes:

1. Intentan explorar la dimensión de sus fuerzas, la magnitud de su poder.. Quieren saber hasta dónde pueden llegar y en qué medida logran encolerizar a sus padres. Con su actuación el niño va tanteando la respuesta a interrogantes como éstas:
¿Podré comer un poco más de esto, o no?
¿Tendré que recoger y organizar siempre mis juguetes… o podré dejarlos regados alguna vez?
¿Se encolerizará mamá cuando le discuta una orden suya? ¿Comenzará a gritar y a dar las quejas a papá como ha hecho otras veces?
Así, inconscientemente, el niño va ajustando su conducta en un punto de equilibrio entre sus deseos y la tolerancia de sus padres.

2. Tratan de llamar la atención de sus padres… Todo niño desea compartir parte de su tiempo con sus padres, especialmente, después de haber pasado cinco o seis horas en la escuela o en la guardería infantil. Llega a su casa y suele encontrar a su padre cansado (y aburrido), sentado frente al televisor o leyendo el periódico… O a su madre nerviosa y agitada, que prepara la comida y está muy ocupada en los quehaceres domésticos para atenderlo.

En vez de lidiar con esto, el niño prefiere recurrir a sus múltiples estratagemas infantiles para mantener a sus padres pendientes de él:
■ Me duele mucho la cabeza.
■ Esta tarea es muy difícil para mí.
■ Tuve un problema con unos niños de la clase… por eso no quiero ir más a la escuela.

Seguramente, algunas de estas excusas infantiles llamará poderosamente la atención de los padres. Pero si ninguna de ellas surte efecto, el niño podrá acudir entonces a otros recursos menos pasivos, tal como: adoptar una conducta desagradable para sus padres, e incluso desobedecer, o responder violentamente… hasta que el padre o la madre depositen toda su atención en él.

3. Comprueban el nivel de tensión familiar… A través de la manipulación a los mayores de la casa, los niños sondean cómo se encuentran los ánimos de los padres. Es decir, cómo está el ambiente familiar. Para lograrlo, pueden hasta provocar peleas y desavenencias:

¿Por qué me dices que no puedo hacerlo, si mamá me dijo ayer que sí…? ¿Verdad, mamá, que tú me diste permiso para hacerlo?
En este caso, lo más probable es que el padre, encolerizado o asombrado por la debilidad de la madre, le llame la atención a ésta… y entonces se crea una situación tensa. Se produce una discusión doméstica en la que cada parte defenderá su posición… ¡Y el niño comprenderá lo útil de este recurso! Ha logrado desestabilizar la situación de la pareja y ha podido así llamar la atención sobre su persona.

Una especial… Precisamente, ante un padre inseguro y culpable, el niño entenderá de inmediato que puede obtener los resultados que espera.

Por supuesto, habrá comprendido que la confrontación familiar es un arma poderosa, y la continuará empleando… De esta forma, el niño con su gran capacidad de observación, asimilará mediante el método de ensayo y error, qué técnicas funcionan mejor para obtener lo que quiere.

¿Debén los padres permitir que sus hijos les den órdenes?

Con frecuencia los padres se preguntan si deben dejarse gobernar por sus hijos. ¿Deben rechazar sus órdenes? ¿Deben convencerlos para que no traten de manipularlos? ¿Deben castigarlos por ello? La respuesta es muy sencilla: ¡no se debe ir a los extremos! La manipulación emocional tiene su lado bueno y su lado malo. ¿Por qué?

■ Por una parte, ofrece al niño la oportunidad de comprobar qué puede lograr con sus propios medios, incrementa la relación afectiva entre padres e hijos, y hasta proporciona cierta emoción al vínculo filial.

■ Sin embargo, puede convertirse en un arma negativa si es usada excesivamente por el niño para obtener todo lo que desea. Si los padres permiten que las tácticas infantiles culminen adoptando la conducta que el pequeño desea, entonces el recurso se tornará peligrosamente dañino para la educación y formación de la personalidad de nuestro hijo… ¿Qué hacer entonces?

¿Qué pueden hacer los padres para controlar esta situación?

Si verdaderamente usted quiere evitar cualquier tipo de manipulación por parte de su hijo y no quiere obedecer órdenes infantiles… ¡predique con el ejemplo! No utilice a sus hijos, no los compre con promesas. Emplee con ellos la comunicación honesta. Este es el mejor recurso y, por tanto, es el que debe aprender su hijo.

No olvide que, al igual que usted, ellos también se dan cuenta cuando están siendo manipulados… Reflexione un poco, y proporciónele al niño los entretenimientos o la compañía que necesita para que él haga las cosas como usted lo desea… La autoridad descansa sobre la razón, se ha dicho… Y es la vía más segura, honesta y, sobre todo, ¡la más educativa!

 

Deja un comentario!

Add your comment below, or trackback from your own site. You can also subscribe to these comments via RSS.

Be nice. Keep it clean. Stay on topic. No spam.

You can use these tags:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

This is a Gravatar-enabled weblog. To get your own globally-recognized-avatar, please register at Gravatar.