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Meningitis en los bebés y niños

2 mayo 2011 No Comment

La meningitis es una inflamación de las meninges, que son membranas que cubre el sistema nervioso central (cerebro y médula espinal. Su origen puede ser viral o bacteriano.

Las formas virales son, por lo general, benignas, pero las de origen bacteriano, por el contrario, pueden ser muy serias, ya que pueden provocar sordera, discapacidad mental, parálisis e inclusive puede ser mortal.

Las bacterias responsables de la meningitis son principalmente tres: Haemophilus influenzae de tipo B, neumococo y meningococo.

La infección se manifiesta con mayor frecuencia en niños menores de cinco años en especial si presentan patologías crónicas como anemia falciforme, diabetes mellitus, bronconeumopatías crónicas, inmunodepresión e inmunodeficiencias congénitas, enfermedades de HIV, insuficiencia renal y síndrome nefrósico, enfermedades cardiovasculares y hepáticas crónicas). Igualmente, están más propensos a sufrir esta enfermedad los niños nacidos en forma prematura o que asisten a guarderías o kínder.

Un segundo y un tercer pico de la enfermedad pueden presentarse, luego, entre los 16 y los 18 años (meningitis de meningococo) y en edad avanzada (de neumococo).

 

Síntomas
La puerta de entrada típica es por las vías respiratorias donde causa la siguiente sintomatología:
En la fase inicial
* Dolor en las piernas y manos
* Pies fríos
* Palidez
* Fiebre
* Diarrea
* Dolor de cabeza
* Erupción cutánea
* Vómitos
* Fotofobia
* Rigidez espinal y nucal

En estadio avanzado
* Parálisis repentinas
* Convulsiones
* Alteraciones del estado de conciencia
* Manifestaciones de hemorragia

Es importante observar que, en ocasiones, la meningitis puede desarrollarse después de infecciones respiratorias, neumonías u otitis medias.

 

Diagnótico y tratamiento
En época de epidemias no es difícil diagnosticarla correctamente, pero, ante casos aislados, se puede confundir con muchas otras infecciones víricas respiratoria. Su diagnóstico definitivo se basa en pruebas de laboratorio bien por estudios serológicos, frotis (raspado) de células nasales o faríngeas o mediante el examen del “liquor”, el líquido que baña las meninges (líquido cefalorraquídeo).

Para obtener la pequeña cantidad necesaria para las investigaciones, se debe realizar, en el hospital, una punción lumbar a la altura de la columna vertebral.

Si se sospecha que un niño tiene meningitis, debe recibir atención médica. Una vez que se haya hecho un diagnóstico y se detecta la presencia de meningitis bacteriana, tendrá que tratarse en el hospital.

Si los resultados no muestren señales de meningitis bacteriana, se podrá tratar en el hogar donde tendrá que descansar y tomar mucho líquido. Se deberá suministrar antitérmicos y analgésicos para la fiebre y el dolor de cabeza. Además, debe corregirse la deshidratación, así como el desequilibrio ácido-base.

En el hogar el niño siempre debe estar cuidado por los padres y bajo la estricta observación del pediatra. Si el estado del niño que se recupera en su hogar empeora, se debe llevar al niño a la sala de emergencia de un hospital cuanto antes.

 

Recomendaciones
Existen diversos tipos de vacunas para prevenir las formas más peligrosas de meningitis: las de Haemophilus influenzae de tipo B, de neumococo y de meningococo.

La vacuna contrala Haemophilusgarantiza una protección al 100%: cubre, entonces, la totalidad de los casos de meningitis causadas por esta bacteria.

La antineumococo y la antimeningococo, solamente contienen algunos de los numerosos cepos de neumococo y meningococo. Es decir, protegen sólo algunas infecciones generadas por estos gérmenes. El primero cubre del 80% al 85% de los casos, el segundo el 50%.

Según estudios realizados, estas vacunas no causan problemas a los niños alérgicos, tanto es así que se aplican ya desde el primer año de vida. No tienen efectos colaterales y se toleran bien.

Se aplican según el calendario de vacunación recomendado, se toman 3 dosis, a los 3, 5, y 11 (o 12) meses de vida. Para quien no ha sido vacunado antes de los 12 meses, basta una sola dosis en el segundo año de vida.
Sin embargo, se recomienda posponer su aplicación si el niño presenta un caso de pulmonía o una amigdalitis con fiebre alta.

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