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Cuando un niño presenta problemas para digerir la lactosa,
el azúcar contenido en la leche y en otros productos lácteos, se dice que sufre
de intolerancia a la lactosa.
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Esta condición ocurre cuando el intestino delgado de algunas
personas no produce suficiente lactasa la cual es una enzima que rompe el
azúcar de la leche. Por ello, cuando un
niño, deficiente en lactasa bebe leche o consume productos lácteos, no puede
digerir con facilidad la lactosa
causando, en muchos casos, diarrea, inflamación y gases.
Una vez diagnosticada, la intolerancia a la lactosa puede ser manejada con facilidad y éxito
mediante recomendaciones sencillas que pueden ser seguidas en casa.
Recomendaciones
Leer con cuidado las etiquetas de los alimentos. Si su hijo
presenta una severa intolerancia a la lactosa, es importante adquirir el hábito
de leer las etiquetas. Existen otros alimentos que pueden contener
lactosa, además de la leche, el queso y
similares. Incluso, en los restaurantes es importante
preguntar al chef sobre los ingredientes del platillo que el niño quiera
ordenar.
Revisar los medicamentos. Es necesario, también, leer las etiquetas de
los medicamentos para verificar si están hechos con lactosa, tanto los que
requieren receta médica para su venta como los que no. Si se tiene dudas, se debe preguntar al
farmacéutico.
Mantener un registro de alimentos. Resulta conveniente usar
un diario para escribir en él los alimentos que su hijo ha consumido y si
alguno de ellos le ha provocado alguna alteración. De esta forma podrá tener un mejor manejo de los alimentos
específicos que causan síntomas particulares.
Experimentar con cautela. Debido a que el nivel de
intolerancia en cada persona es diferente, es importante identificar cuál es el
grado absorción. Para ello, se debe
empezar con pequeñas cantidades de alimentos que contengan lactosa e ir
aumentándolos progresivamente. Una vez
que ha establecido en su diario que su hijo puede consumir, por ejemplo, la mitad de una rebanada de queso sin tener
síntomas, se puede hacer una prueba con una rebanada completa. Si el
niño manifiesta síntomas, entonces sólo podrá consumir media rebanada.
Verificar si se trata de una condición temporal Aunque la mayoría de las niños que se les
diagnostica intolerancia a la lactosa presentarán esta condición de por vida,
otros sólo sufren de ésta de manera temporal (intolerancia secundaria a la
lactosa). Ésta es causada por un virus intestinal. Por ello, se recomienda que un doctor evalúe
al niño para poder determinar si se trata de esta condición.
Mezclar la leche con otros alimentos En ocasiones existen niños que no toleran
beber leche sola, pero que si pueden consumir leche mezclado con algún
cereal. Esta situación se debe a que los
estos alimentos no permiten que la lactosa llegue al intestino de forma rápida
lo que permite que el organismo refuerce las pocas enzimas de lactasa que se
pueda tener.
Seleccionar alimentos bajos en lactosa. Podría resultar una
buena opción para los niños con intolerancia a la lactosa el consumo del yogur
con cultivos vivos, porque las bacterias en el yogur han predigerido mucho de
la lactosa.
Tratar con enzimas de lactasa. Existen complementos de
lactasa que se pueden adquirir en farmacias los cuales apoyan a la deficiencia
de esa enzima en los intestinos. Este producto
se vende en líquido, píldoras y cápsulas.
Tomar en cuenta la ingesta de calcio. Los niños se
encuentran en una etapa crucial para los huesos, ya que se encuentran en pleno
crecimiento. Por ello, requieren el
consumo de calcio. Si tienen intolerancia severa a la lactosa, pudiera
no obtener la cantidad necesaria de este mineral. Para obtenerlo de otra fuente, los niños
pueden comer vegetales verdes como el brócoli, galletas enriquecidas con calcio
o bebida de naranja fortificada con calcio.
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