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Mi hijo no me obedece ¿Qué hacer?

27 Junio 2013 No Comment

mi hijo no quiere obedecerUna de las mayores dificultades a que tienen los padres en la actualidad, quizás por ser un fenómeno propio de las nuevas generaciones, es que los niños de hoy no obedecen las instrucciones de sus padres y mayores, cuando no quieren o cuando no están de acuerdo con las mismas.

Ahora, contrario a las generaciones anteriores, los hijos exigen que los padres expliquen y justifiquen las indicaciones que les dan, cuestionan su autoridad y quieren tener voz j voto en todo lo que se les demanda.

En el pasado la autoridad de lo: padres no sólo era incuestionable sino irrefutable. Muchas veces bastaba preguntar el por qué, era considerado una falta de respeto o un desafío a la autoridad paterna. Pero los niños de las nuevas generaciones, no sólo se defienden cuando se les trata con dureza o brusquedad, sino que se rebelan cuando consideran que la instrucción o sanción de sus padres es injusta.

Una de las principales causas de esta nueva actitud de los niños es que la relación padre-hijo ha cambiado radicalmente. De otra parte, los menores de las nuevas generaciones desarrollan sus capacidades intelectuales más ampliamente y a temprana edad. Son, por lo tanto, más capaces de razonamientos complejos, más conscientes de sus derechos, más despiertos; todo ello les permite enfrentarse y defenderse mejor.

Todos estos cambios hacen imperativo una visión diferente y fundamental en las actitudes de los padres en relación con sus hijos. Hoy más que nunca, se debe adoptar un nuevo enfoque disciplinario que lleve a los niños a obedecer y adoptar determinadas conductas por convicción y no por imposición.

Hay quienes sostienen que lo que falta ahora es ser severos y que los menores no obedecen porque no se les trata con la ‘mano dura’ del pasado. Si bien es cierto que hay características de los padres de antaño que habría sido bueno conservar, también lo es que los gritos, golpe y castigo del pasado, solo lograrían una mayor agresividad. Eso sin tener en cuenta, el deterioro de la relación padres-hijos y, en consecuencia, las lesiones que ocasiona.

Los métodos disciplinario de la actualidad, más que procurar la cuestionada obediencia, deben presentar alternativas a los hijos y darles la oportunidad para que decidan el comportamiento a seguir. Cuando al menor no se le impone una determinada acción sino que se le permite escoger con información clara sobre los alcances de su conducta, aprende a ser responsables. Es él quien sufre o responde por el resultado de su escogencia.

¿Qué hacer para que los niños obedezcan?

Para lograr que los niños obedezcan y colaboren es imperativo que los padres observemos algunas conductas y actitudes, como son:

Respeto Todas las indicaciones a los hijos, así como los reclamos que se les haga por su mal comportamiento, deben hacerse respetuosamente, de manera que no le matraten ni física ni emocionalmente. Gritar, decirle malas palabras, apodarlos sarcásticamente, compararlos y hasta pedirles las cosas en forma suplicante, es irrespetuoso y promueve la indignación de los menores, quienes tendrán así poco deseo de obedecer y posiblemente tratarán de rebelarse.

Asertividad Los padres en el pasado, aún cuando supieran que estaban en un error, se dirigían a los hijos con firmeza y certeza. Los padres de hoy, aún cuando saben que tienen la razón, lo hacen en forma vacilante. La bondad a menudo se confunde con la bobada. Los padres actuales, en aras de ser buenos, se muestran atemorizados ante los hijos y les hablan de manera suplicante, actitud de la que se aprovechan los menores para hacer lo que les dá la gana. Cualquier instrucción que se presente a los hijos debe hacerse con firmeza é implicando que el padre
habla en serio. Un padre atemorizado, débil y a quien el niño ‘se la puede’, no le transmite las fortaleza que es indispensable que perciba el menor para que desarrolle seguridad emocional.

Consistencia Igualmente, es imperativo que los niños aprendan que no es no. Uno de los mayores obstáculos en la disciplina de los niños es la falta de consistencia de los padres, quienes ante las súplicas, ruegos, llantos… acaban accediendo a algo que ya habían prohibido. Cuando el padre cede ante la insistencia del menor, le enseña que basta con rogar o gritar un poco para lograr su voluntad.

Actuar con rapidez Cuando el niño se comporta indebidamente y no cumple con lo que se le dice para que modifique su comportamiento, es necesario actuar de inmediato. Si el padre pasa un tiempo repitiendo sus instruciones y el niño no parece escucharlas, llega el momento en que pierde la paciencia y ‘estalla’. Posiblemente agrediendo .aljuñoenforma que posteriormente lamenta. Para evitar este desenlace, es importante actuar de inmediato y cuando el niño hace algo indebido, tomar enseguida la medida necesaria para evitar, de una vez por todas, el comportamiento indeseado.

Mantener la calma Cuando el padre se altera o se pone furioso actúa descontrolada-mente y es el niño quien tiene el control de la situación. Hay que procurar entender que estando tranquilos y actuando con cabeza fría se resuelven mejor los problemas.
Cuando se manejan sin excesivas emoción, muchas situaciones disciplinarias simplemente se disuelven. Cuando se actúa con histeria, algunos incidentes superfluos se convierten en serios problemas. Se deterioran así, las relaciones entre padres e hijos.

Dar ejemplo Aunque no nos demos cuenta, los padres siempre estamos mostrándole al niño cómo comportarse. Los actos de los padres hablan más que sus propias palabras. Hay que estar seguros de que nuestro comportamiento reJtejajmjDjdosJos-easos-ta— torñia como deseamos que se comporten nuestros hijos.

Atacar el acto y no la persona Cuando corregimos a un niño es imperativo hacer una clara división entre lo que él hace y lo que él es. Los adjetivos calificativos a la persona o personalidad del menor, son destructivos y deterioran su concepto de si mismo. ‘Eres grosero, desordenado…’. Son calificativos que lo mueven a defenderse. Las instrucciones paternas deben dejarle ver al niño con claridad que aunque no nos gusta lo que está haciendo, lo seguimos apreciando. ‘Me molesta tu desorden, me indigna cuando eres grosero’. De esta manera, no se le ataca a él mismo, sino a sus actos.

Señale las cualidades y actos positivos La clave para lograr que los niños se porten bien es reforzar su buen comportamiento, señalándoles con frecuencia sus buenos actos y conductas. Reforzar no sólo sus contribuciones sino sus cualidades y destrezas es una forma garantizada de ganarnos su colaboración.

Los métodos y actitudes tradicionales parecen estar diseñados pan formar a los hijos con el fin de que no sean malos (no sean desordenados, descomplicados, no peleen etc.).

Es hora de formar a los hijos para que sean buenos, señalándoles y cultivándoles no. sólo lo bueno que hacen sino todas sus virtudes, atributos y cualidades.

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