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Si se
compara con un resfriado, la gripe o influenza puede traer más complicaciones a
su hijo. La gripe es una
enfermedad respiratoria causada
por alguno de los tres tipos de virus de la infuenza que se
conocen: A, B y C. En el caso específico de la gripe porcina (H1N1), ésta
proviene del tipo A.
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Síntomas
Sus síntomas son muy similares al resfriado común, pero mucho más fuertes y que son:
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Tos
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Escurrimiento nasal
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Garganta irritada
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Fiebre
mayor de 38 grados
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Dolor
de cabeza
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Dolor
muscular y de articulaciones
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Diarrea y
vómito (en ocasiones especialmente en bebés)
La infección del oído, sinusitis o neumonía pueden seguir al
inicio de la influenza, pero estas infecciones secundarias se pueden tratar con
antibióticos.
Desafortunadamente, la gripe no puede detenerse en esta
forma. (Los antibióticos son inútiles en contra de los virus.)
La prescripción con medicamentos antivirales, como
amantadina, parece haber sido útil para acortar la duración de la influenza A,
pero aún se ha podido confirmar en el caso de la gripe porcina debido a su
reciente aparición. En todo caso el
uso de amantadita es limitado, ya que
sólo es efectiva si se administra dentro de las primeras 20 horas en que
aparecen los síntomas.
Recomendaciones cuando el niño tiene gripe (incluida la porcina)
Suministrar acetaminofén (Tempra, Panadol, Tylenol
infantiles) a su hijo si tiene fiebre mayor de 38° C. Es
necesario revisar las instrucciones del paquete para la dosis correcta,
conforme a la edad y el peso de su hijo, y si es menor de dos años, se debe
consultar al médico.
No suministrar ácido acetilsalicilico (aspirina). Los estudios señalan que existe un vínculo
entre la toma de aspirina y el síndrome de Reye, un padecimiento muy severo en
los niños que les afecta el cerebro y el hígado.
Tener cuidado de las tomas de temperatura por la mañana,
pues son confusas. La temperatura corporal tiende a bajar por la mañana. Por
eso un niño que registra 36.8° C por la mañana puede tener 37.8° C por la
tarde. Su hijo debe mantener una
temperatura normal por 24 horas, antes de considerarlo completamente sano.
Mantener el niño en reposo.
Es necesario asegurar que su hijo se recueste y permanezca en reposo por
un tiempo para que su organismo pueda reestablecerse.
Elevar la humedad del ambiente. Usar un humidificador cerca
de la cama del niño puede favorecer la fluidez de las secreciones nasales y
hacer que la respiración se dé con mayor comodidad. Sin embargo, es necesario limpiar el
vaporizador diariamente, ya que estas máquinas tienden a recolectar moho y
bacterias, las que después se esparcen por el aire.
No cubrir demasiado al niño (sólo con una manta ligera) cuando
tenga escalofríos. Esto se debe a que,
en corto tiempo, estará muy caliente por la fiebre. Luego, cuando la fiebre baje, sudará
profusamente lo que ayudará a enfriar al cuerpo. En ese momento es necesario cambiarle de
manta.
Reemplazar los líquidos perdidos. Los niños tienden a perder
muchos fluidos con la fiebre y, aún más, cuando vomitan. Por eso debe suministrarle
varias opciones para beber como jugos de frutas, agua azucarada, una pequeña
cantidad de caldo de pollo (brinda sodio un importante electrolito) y limonada
con miel para aliviar, a la vez, la
garganta.
Servir pequeños bocadillos. Luego de pasado la etapa de alta fiebre y que
el niño muestre signos de recuperación, es necesario mantener alto su nivel de
glucosa aunque su hijo no tenga mucho apetito.
Se le puede suministrar pequeños bocadillos como: malvaviscos en miniatura,
galletas, pan tostado o pan blanco. Todo
bocadillo debe ser libre de grasa, para que se digiera con facilidad.
Cuando acudir al médico
Si su hijo está enfermo con los siguientes síntomas, debe
llamar al pediatra de inmediato o llevarlo al hospital más cercano:
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Fiebre alta
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Dificultad para respirar
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No orina con regularidad
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Vómito excesivo o diarrea
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Aumento de la frecuencia respiratoria
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Rechazo a la vía oral
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Trastornos del estado de conciencia (delira)
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Irritabilidad y/o convulsiones
Recomendaciones preventivas
Cubrir nariz y boca con un pañuelo desechable al toser o
estornudar. En caso de no tener pañuelo,
usar el ángulo del codo.
Lavarse frecuentemente las manos con agua y jabón y hacer
que el hijo igualmente lo haga.
Lavar los juguetes de los niños con regularidad.
Evitar asistir a lugares concurridos especialmente con niños
pequeños
No compartir vasos, platos y/o cubiertos ni alimentos y
bebidas con los niños.
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