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Estrés infantil ¿Qué hacer al respecto?

23 febrero 2013 No Comment

estres infantilLejos de ser un problema exclusivo de adultos, el estrés es parte de la condición humana, justo desde el inicio.

El estrés puede acompañar el primer día de escuela, los exámenes de ortografía, las pruebas de fútbol y la pubertad. 

Es importante saber que cierto grado de estrés en la vida es considerado como normal; sólo cuando el estrés no puede ser manejado de forma adecuada es cuando se convierte en negativo.

Además, como en los adultos, cada niño reaccionará de forma diferente.   Por ejemplo: Un niño puede transcurrir fácilmente por sus días escolares con 10, en tanto que otro puede sentir una competencia tan abrumadora que le duele el estómago o la cabeza, nada más con ver el autobús de la escuela.

Otros, incluso, pueden regresar al comportamiento más infantil, como chuparse el dedo o mojar la cama. Los niños mayores pueden mostrar síntomas de depresión, siendo reservados e introvertidos y evitando a los amigos. Para otros se convierten en problemas de comportamiento, rabietas, explosiones temperamentales que señalan que están fuera de control.  No es raro que desarrollen tics nerviosos, como parpadear, crisparse, retorcer el pelo o tragar con frecuencia.

¿Qué se puede hacer al respecto?

Ayudar a su niño a aprender formas efectivas para enfrentar el estrés toma tiempo y paciencia. Aquí hay unas cuantas técnicas que pueden ayudar.

Recuerde cómo se siente el estrés infantil. Para un niño de dos años que enfrenta la ansiedad por la separación, el hecho de que la madre salga de fin de semana puede ser tan tensionante como una estancia en el hospital.   Porello, es importante tratar de ver la situación desde la perspectiva de ellos, para que se pueda comprender el estrés infantil mejor.

Déle tiempo para explicar. Como los adultos, los niños con tensión pueden necesitar hablar. Tómese unos cuantos minutos al irlo a acostar y déle oportunidad de hablar sobre lo que le molesta  y no sienta que usted necesita conducir la conversación. Estar atento y escuchar simplemente es el prerrequisito para hacer que un niño exprese sus sentimientos.

Prepare a su hijo para las sorpresas. Mientras menos sabemos sobre una nueva situación, más temerosos estamos; por eso necesita preparar a su hijo para lo que está por venir. Por ejemplo, un niño al que se le van a extirpar las amígdalas puede beneficiarse si visita el hospital con anticipación y aprende exactamente sobre lo que va a sucederle. Un niño que se cambiará a un nuevo vecindario o que empezará clases en una escuela nueva debe tener la oportunidad de visitar antes su nueva casa o su nuevo salón de clases.
Mientras más comunique con anticipación, menos tensión tendrá el niño. Si deja caer sorpresas sobre los niños, su nivel de estrés aumenta.

Explique el horario. Recuerde que los niños muy jóvenes no conocen el tiempo en la misma forma que los adultos. Un niño que teme no volver a ver a su madre, puede no comprender lo que quiere decir: “Mami regresará en tres días de su viaje de negocios”. Es mejor explicarle las cosas en una forma en que las pueda comprender.  Por ejemplo: Se le puede decir: ‘Mami regresará en tres dormidas’.” De esa forma, él sabrá cuánto tiene que esperar.

No demande sólo dieces. Unos de los factores que más causan estrés la vida de un niño son las expectativas de sus padres. A menudo, esas expectativas necesitan bajarse de nivel para darle una pausa al niño.

Deje que su hijo sea un niño. Hoy los padres están muy ocupados y esperan que los niños hagan cosas para cuidarse ellos mismo.  Lo que sucede frecuentemente es que se espera que los niños actúen como adultos. Cuando no pueden hacerlo, los niños no saben lo suficiente para cuestionar las suposiciones de sus padres; se miran a sí mismos y dicen: ‘No puedo hacerlo, ¿qué está mal en mí?’. Empiezan a sentir que no son capaces, y la vida empieza a salir de su control.   Se debe esperar que los niños hagan sólo lo que son capaces de hacer según su desarrollo. “Los niños necesitan ser niños.”

Extienda su mano. “Ya sea que su hijo pequeño luche por controlar su temperamento, o el que está en la pubertad se preocupa por si lo aceptarán en la preparatoria, sus niños necesitan saber que usted es la base de salvación a la que pueden regresar si las cosas salen mal.  . Mientras más apoyo reciba en su ambiente, más fácil le será hacer la transición de la dependencia para funcionar de un modo más independiente.

¿Cómo puede “estar ahf’? Con lactantes y preescolares, literalmente tendrá que tenderles la mano. Por ejemplo, un niño que teme a la oscuridad o al nuevo jardín de niños, puede necesitar sujetarse de usted por un tiempo, mientras supera su miedo.

“Dígale: ‘Sé que tienes miedo, pero te ayudaré’, y el niño de inmediato sabrá: ‘Ey, no hay razón para asustarse'”, dice el doctor Egeland. “Con los niños mayores, déjeles saber que confía en ellos, pero que está disponible para ayudarlos. Diga: ‘Sé que estás frustrado porque estás peleando con tus amigos, pero yo sé que puedes arreglarlo. Si me necesitas, ahí estaré'”.

Dígale lo que recuerda. Comparta sus altas y bajas con los niños y explíqueles cómo manejó las tensiones. Cuénteles las historias infantiles de su propia infancia sobre lo que más lo lastimaba o avergonzaba. Ello normalizará sus propias experiencias.

Muestre algo de control de estrés. Nada funciona mejor que mostrar a los niños las formas sanas en las que maneje la tensión. Cuando alguien se cruza frente a usted en una carretera concurrida, o cuando tiene que hacer mucho en la casa, puede demostrar que la tensión no tiene por qué arruinar su día o su vida.

Trate de balancear las fuentes de tensión con los puntos de calma y de renovación, camine, coma bien, platique con amigos y manténgase en su horario.  Cuando tenemos vidas balanceadas, seremos capaces de tolerar mejor la tensión, y cuando manejamos así la tensión, sus niños lo seguirán.

Establezca límites razonables en las actividades extraescolares. Un niño que se involucra mucho en deportes y otras actividades extracurriculares es un candidato ideal para el estrés. Con frecuencia ya no se involucra la diversión, ni para el niño, ni para el padre. Los padres necesitan retomarlo, poner límites sobre las actividades y ayudar a los niños a hacer cosas que sean divertidas.  No se deje atrapar por: “Pagamos mucho dinero por el clarinete, así que debes seguir con las lecciones”, si su hijo sería mucho más feliz leyendo una hora en su habitación.

Intente con la imaginación. Los niños en edad escolar pueden ser entrenados para usar su imaginación como relajante. Haga que el niño se siente en un lugar cómodo. Pídale que cierre los ojos, respire profunda y rítmicamente mientras se imagina en un lugar calmado y tranquilo.

Construya su autoestima. Las personas con buena autoestima miran los acontecimientos estresantes como un reto, no como un problema. Ayude a su hijo a encontrar algo con lo que se sienta bien, aliéntelo a encontrar actividades con las que pueda experimentar el éxito. Con algunos niños, especialmente aquellos que tienen incapacidades para aprender o para coordinar, quizá sólo tenga que buscar actividades que realice bien. Pero la actividad misma puede ser simple, en tanto sea valorada y elogiada por el padre.

“Eres tan confiable, puedo contar contigo todas las noches para ayudarme a poner la mesa”, son palabras que construyen su autoestima. Elogiar los logros del niño le hará luchar para hacer bien las cosas.

Muéstrele su amor. Sentir un amor incondicional por parte de los padres puede vacunar al niño de uno de los factores de tensión más terribles en la vida. Por ejemplo, un niño que sabe que es amado no necesita preocuparse mucho por la competencia, ese factor de tensión tan grande en la edad escolar. Después del tercer grado, los niños experimentan el horrible espectro del rango competitivo, que les dice: ‘Tienes que hacer esto para ser bueno, gustado o aceptado’. Las pruebas o juegos a veces se consideran como asuntos de vida o muerte, lo que simplemente no es el caso.

Los niños necesitan saber que son amados por sus padres, no importa qué tan bien estén en la escuela o en un campo de juegos. Los padres pueden reducir enormemente la ansiedad de sus hijos sólo al decirles: ‘Estás bien, sin importar lo demás.

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