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Cuando aparece el sentido del pudor en los niños?

3 Julio 2012 No Comment

Cuando aparece el pudor en los niñosEn los primeros meses de vida un niño no siente pudor y le encanta estar desnudo, jugar y tocar cualquier cosa.

Sin embargo, después, conforme va creciendo, se muestra más renuente y reclama intimidad. ¿Cómo se debe afrontar este cambio de actitud?

Conviene transmitir al pequeño, lo antes posible, un sentido sano del pudor: hay que hacerle ver que se trata de un sentimiento positivo que nos protege y nos guía en la relación con los demás, ayudándonos a dejar de lado sentimientos de culpa, inhibiciones o tabúes.

A continuación, se describe el sentido de pudor de acuerdo con la edad.

 

De 0 a 2 años A esta edad, la desnudez es para él un gran placer. Basta con quitarle el pañal y el body, para que se sienta libre y cómodo. En cambio, cuando se le viste, rompe a llorar. Durante la lactancia o en los momentos de descanso, el niño acaricia dulcemente la cara o el pecho de la mamá. Es como si su cuerpo se uniera al de su madre. Para él, estas partes del cuerpo son exactamente lo mismo.

Sin embargo, siguiendo las enseñanzas y las teorías de Francoise Dolto (célebre psicoanalista infantil del siglo XVIII), muchos expertos opinan que, a esta edad, aunque el pequeño no tenga un sentido del pudor propiamente dicho, sí se puede decir que advierte algo parecido, de forma inconsciente.

Por ejemplo, las sensaciones que el pequeño percibe en la privacidad de su habitación, donde la mamá le cuida amorosamente, son completamente distintas a las suscitadas por las atenciones apresuradas que recibe fuera de casa, cuando se le cambia en un baño de la autopista, sobre un banco en un parque o en la toalla de playa.

En estos casos, la mamá está obligada a cambiarlo de forma rápida. Aun siendo muy pequeño, el niño percibe que se trata de una situación diferente a la que vive en casa y siente una cierta molestia cuando le cambian en un lugar público, donde está expuesto a miradas curiosas.

 

De 2 a 4 años Hacia los dos años, el niño descubre su propio cuerpo y lo diferente que es respecto al de los adultos. Sobre todo, se muestra interesado en observar los órganos genitales: pasea a gusto sin su traje de baño en la playa y, cuando se lo pones, mira dentro con curiosidad. Día tras día, hace más preguntas insistentes.

Además de ser un pequeño “mirón”, a esta edad, el niño también es un simpático exhibicionista, que a menudo le gusta ser el centro de atención para atraer la atención de los adultos, fundamentales para la construcción de su autoestima.

Cuando ya ha adquirido el control de los esfínteres, el niño puede manifestar el deseo de cambiarse y asearse solo. A menudo, se esconde en el baño, en un primer intento de afirmar su propia identidad, resguardándose de las miradas de los demás. No hay que impedírselo, aunque le cueste todavía vestirse o asesarse: la “limpieza final”, después de todo, se puede retrasar a la ducha del final del día.

Al explorar su propio cuerpo, el niño conoce sus órganos sexuales y el placer relacionado con éstos. Esta fase, común y natural, se debe llevar de la mejor forma posible, sin inhibir al pequeño, e intentando, al mismo tiempo, dirigir su interés hacia otras cosas.

 

De 6 años en adelante El niño empieza a desarrollar un auténtico sentido del pudor con su entrada en la escuela primaria y cuando empieza a tener una relación cada vez más directa con el resto de niños de su edad: siente la necesidad de taparse los genitales como una forma de defensa que es, al mismo tiempo, fuente de tensión.

Sin embargo, el exhibicionismo no cesa. Para el niño, es importante que los adultos sigan dirigiéndole su atención porque eso le da seguridad y refuerza su autoestima.

En algunos programas de televisión y anuncios publicitarios, el pequeño entiende que algunas miradas y caricias pueden esconder otras intenciones. Por este motivo, puede ser que, en este período, el niño se muestre renuente a aceptar mimos y manifestaciones de afecto con los padres, casi avergonzándose al pensar que está haciendo algo mal.

Tampoco es extraño que pida más intimidad, con frases del tipo: “Voy al baño, no entres” o “Toca antes de entrar”. Es el inicio de un largo período de transición, una fase delicada que acompañará al niño hasta la adolescencia.

Es fundamental respetar cada elección, sin forzar al niño a hacer algo que podría provocarle vergüenza durante años y condicionar el desarrollo armonioso de su sexualidad.

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