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La alimentación del bebé es fundamental para su
desarrollo y crecimiento.
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Sin embargo, la gran cantidad de publicidad que
aparece en los medios y la falta de tiempo hacen que muchas madres actualmente
se pregunten ¿Cuál es la mejor alimentación para su bebé: la leche materna u
otras alternativas?
Antes de tomar una decisión sobre cuál es la mejor leche
para su hijo, toda madre debería analizar el contenido nutricional de la leche
materna y las ventajas que ofrece para el bebé y para ellas mismas versus las
otras alternativas para poder así considerar la mejor opción.
En este sentido, podemos indicar que la leche materna es un
alimento completo ya que contiene las cantidades adecuadas de proteínas, grasas
e hidratos de carbono. Inclusive contiene
vitaminas (entre ellas, el complejo B y la vitamina D). Todos estos elementos necesarios
para el crecimiento saludable del niño.
Además, la leche materna tiene la temperatura adecuada para
el bebé, se encuentra prácticamente libre de gérmenes y es baja en grasas.
Amamantar trae grandes beneficios tanto al bebé como a la
madre entre los cuales podemos mencionar:
Para el bebé
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Evita los riesgos que suele provocar una leche en mal estado
(fecha de vencimiento expirado o el agua contaminada)
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Evita el contacto con químicos y productos artificiales que
pueden ocasionar al bebé alergias en el futuro.
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Reduce la cantidad de trastornos alimenticios y de digestión
como la diarrea y la constipación o estreñimiento.
Para la madre
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Recobra más pronto su figura después del parto
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Reduce el riesgo de sufrir de cáncer del seno
Sin embargo, la madre, que quiera dar pecho a su hijo,requiere de cuidados adicionales como los siguientes:
Debe prestar atención especial no sólo a su alimentación, la
cual debe ser lo más sana y natural posible pues de ello depende la salud y
desarrollo de su bebé, sino también de los medicamentos que pudiera consumir ya
que podrían pasar a través de la leche al niño.
Para evitar posibles complicaciones, es necesario mantener
una buena higiene personal que involucre entre otros lavar y secar las manos
antes que entren en contacto con los senos, lavar cuidadosamente los senos,
antes y después de que el bebé es amamantado y hacer una limpieza diaria con jabón;
las restantes, con agua tibia solamente. Se debe recordar enjuagar muy bien el jabón
para que no afecte la leche.
Para detener las salidas espontáneas de leche del seno
materno o las exudaciones, se deberá apretar la yema de los dedos contra el
pezón y también es recomendable el uso de sostenedores especiales de
maternidad. Estos son anchos y dan cabida a las almohadillas de algodón (o
gasa) que suelen colocarse para absorber estas exudaciones. Este tipo de prenda está provista de un forro
interior de plástico que la hace impermeable.
Se debe evitar que entre en contacto directo con los pezones.
Una dolencia que suele aparece dos o tres semanas después
del parto en las mujeres que amamantan es la mastitis o inflamación de los
senos siendo el mejor remedio el propio bebé, ya que la succión ayuda a vaciar
el seno inflamado por la acumulación de la leche. Si usted observa que el bebé no ha vaciado
completamente los senos durante su alimentación, debe ejercer sobre ellos una
ligera presión con sus dedos.
Al dar pecho al bebé, es conveniente tener en cuenta las
siguientes recomendaciones:
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Evitar que el bebé permanezca demasiado tiempo al pecho pues
éste termina por cansarse.
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Evitar seguir dando el pecho al niño después de que casi
toda la leche se ha sacado, ya que tragará mayor cantidad de aire lo que
pudiera darle cólicos después.
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Acostumbrar al bebé a que succione ambos senos ofreciéndoselos
alternativamente en varios intentos para que, en el futuro, no prefiera uno y
rechace succionar el otro.
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