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Entre los 3 y 6 años algunos niños pueden tener un amigo imaginario producto de su fantasia. Muchos padres se preocupan pensando que sus hijos sufren algún trastorno. Sin embargo, ¿Serán sus temores reales o sólo es una etapa en el crecimiento y desarrollo de sus hijos?
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Al construirse un mundo imaginario, poblado de amigos condescendientes, el niño aprende a definir los límites entre la realidad y la imaginación, así como a afrontar sus propios impulsos negativos: odio, miedo, celos y mentiras, que atribuye a su amigo imaginario, mientras que él puede asumir el papel del "bueno", que regaña y castiga.
Estos experimentos de buena y mala conducta representan los primeros esfuerzos del niño por adaptarse a ías expectativas de los padres. A través de los amigos imaginarios, el pequeño puede adquirir el disfraz de niño rebelde o el de frágil e indefenso cuando le plazca, y comprobar, en cada ocasión, cuáles son los efectos que derivan de sus diferentes comportamientos.
Paralelamente, de la misma forma en que utiliza a sus "falsos" amigos para conocerse mejor a sí mismo, también tiene la posibilidad de adoptar papeles que le permiten identificarse con su mamá o su papá. En consecuencia, empieza a entender qué significa ejercer una autoridad y disponer de autonomía. Así pues, se trata de una etapa fundamental del desarrollo del niño, por lo que es
importante respetarla sin intentar introducirse con fuerza en su mundo.
Cómo los padres deben comportarse
Si el niño te invita a participar en sus historias fantásticas, pidiendo, por ejemplo, que pongas un plato más en la mesa para su amigo imaginario, no hay nada malo en formar parte del juego. Al contrario, esto te permitirá conocer mejor sus sentimientos más ocultos.
El amigo imaginario es, en cualquier caso, una figura a la que conviene no dar demasiada importancia: debe tratarse con la máxima indiferencia, es decir, sin alimentar esta fantasía ni destruirla. Por lo tanto, están contraindicados los intentos de hacerlo menos invisible, dándole un espacio. Para volver al ejemplo del lugar en la mesa, se deberá "poner la mesa" con platos y comida
invisibles.
Lo importante es que el amigo imaginario permanezca como tal; de lo contrario, el niño podría confundirse entre los límites de lo real y de lo imaginario. Asimismo, es importante evitar ridiculizar esta fantasía con frases como: "Es una tontería", o bien: "No se puede hablar con alguien que no existe".
El niño se sentiría herido, con el resultado de que pensaría dos veces antes de confiarte algo de su mundo interior. En cualquier caso, puede ser útil escuchar los diálogos entre el niño y su amigo. De hecho, a través de estas conversaciones, se pueden descubrir miedos, malestares, curiosidades y deseos.
Las preguntas más frecuentes
¿Qué se debe hacer cuando el niño le echa la culpa de sus errores al amigo imaginario?
A menudo, los padres se preocupan y se preguntan si realmente el pequeño confunde sus deseos con la realidad. Sin embargo, este tipo de mentira sólo representa el deseo del niño de ser "mejor". Por lo tanto, es importante hacerle ver con cariño, sin regañarlo ni acusarlo, que se comprenden sus necesidades: "Sé que te gustaría que hubiera sido tu amigo quien pintara la pared, porque
no quieres que yo me enoje. Pero los dos sabemos que fuiste tú, y ahora la vamos a limpiar juntos".
Al reconocer el deseo del niño, pero restableciendo la realidad, le ayudas a tomar conciencia del conflicto entre realidad e imaginación. Si el niño, además de su pequeño mundo, tiene amigos con los que juega, no hay motivo para preocuparse. En cambio, si sus amistades se reducen a sus criaturas imaginarias, es importante ofrecerle nuevas ocasiones para socializar.
El hecho de que el niño tenga un amigo imaginario ¿es señal positiva o negativa?
Es una señal excelente, que no debe asustarte en lo absoluto. Los niños que tienen un amigo imaginario demuestran que son capaces de afrontar los momentos de aburrimiento y de soledad de forma sana y creativa. El amigo imaginario constituye una expresión de creatividad y de fantasía, dos características propias de la inteligencia.
¿Hasta qué edad es normal que un niño tenga un amigo imaginario?
En la mayoría de los casos, el amigo imaginario deja de existir unos tres años después de su aparición, es decir, alrededor de los seis u ocho años. En cualquier caso, no hay que preocuparse si el niño continúa hablando con su amigo hasta
los 10-11 años.
Sólo que, después de los nueve años, el niño continúe cultivando esta fantasía y, al mismo tiempo, rechace la compañía de los niños de su edad o, en cualquier caso que manifieste problemas para socializar, sería aconsejable hablar con el pediatra.
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