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Muchos padres de familia se preocupan cuando observan que
sus hijos, al regresar de la escuela o en los fines de semana, se encierran
durante horas en su habitación para dedicarse por completo a los juegos de
video.
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Esta conducta no es rara especialmente en la preadolescencia.
Sin embargo, muchos padres se preguntan si pasar todo el tiempo jugando al
video no afecta negativamente el desarrollo social de sus hijos debido a la
falta de contacto con su familia y amistades en general.
Los juegos de video se vuelve fácilmente adictivo y los
padres deben poder reconocer si su hijo se encuentra en esta situación. Algunas señales de adicción son las
siguientes:
Si su hijo presenta los anteriores síntomas, lo más probable
es que sea un adicto a los juegos de
video. A continuación algunas recomendaciones
para poder mantener a su hijo a raya con respecto a los juegos de video:
Desarrollar un sistema de incentivos. Es necesario crear un sistema en el que los
niños puedan ganar el privilegio de jugar video. No permita que el niño piense
que tiene automáticamente este privilegio.
Podría decir, por ejemplo: “"El uso de los videojuegos es una
recompensa por hacer labores, terminar la tarea o cumplir con algo especial
relacionado con la casa".
Fijar límites al tiempo de juego. Se puede comprar un
aparato que mida el tiempo de televisión, y de esta forma controlar, también,
el tiempo de juego.
Adoptar un horario para "saltos a la realidad". Después
de cada hora de juego de video, resulta conveniente solicitar al niño que
realice un 'salto a la realidad' para discutir brevemente con un miembro de la
familia o un amigo cualquier cosa que esté sucediendo en casa. De esta manera no estará tan enfocado en el
mundo de fantasía de los juegos.
Descansar los ojos y músculos cansados. Sería adecuado que su
hijo interrumpa su enfoque visual cada 20 minutos para prevenir el dolor de
ojos. Hacer que vea hacia arriba del
juego y que enfoque algo a la distancia por varios segundos. Mientras hace esto, es necesario alentarlo a
levantarse y mover los músculos durante uno o dos minutos, para aliviar la
tensión. Todo ello, permitirán a su hijo recordar que hay otro
mundo más allá del monitor de video.
Convertir la ocasión en algo social. Puede invitar a los amigos de su hijo a jugar
con él al video, para que no juegue consigo mismo. Cuando sea posible, se debe seleccionar
juegos que permitan que dos niños participen. Aun con juegos solos, pueden
jugar dos niños en paralelo, tomando turnos y comentando el desempeño de cada
quien.
No los combata, únase a ellos. Puede, incluso, el padre jugar con el hijo para
que pueda conocer de qué se trata cada juego y sepa de lo que le habla su hijo. Puede preguntarle lo que le gusta, y así
podrá orientarlo para que prefiera los juegos más positivos y menos violentos.
Presionar a favor de los juegos de computación. Puede alentar a su hijo a que cambie hacia
los juegos de computación de tipo educativo.
Aún si la coordinación ojo-mano (visomotriz) es lo más valioso en los
juegos de video, hay juegos de computadora que brindan esto y más, lo que los
hace más valiosos que la mayoría de los videojuegos.
Cambiar la fuente de poder. Debido a que los videos juegos
proporcionan poder a los niños, los padres pueden ayudarle a sentirse, también,
importantes mediante actividades interactivas que le den poder a su hijo
mediante la participación y el aprendizaje.
Por ejemplo: Si su hijo sobresale atléticamente, obtendrá el sentido de
poder mediante su participación en su deporte favorito.
Ir a la realidad. En lugar de comprar un juego de video
basado en un deporte, porque no mejor llevar a su hijo a ver el deporte en
vivo. Eso no sólo lo alejará de la
pantalla, sino que también dará tiempo para la camaradería y para que padre e
hijo puedan compartir juntos.
Buscar la conexión en la escuela. Si su hijo recurre al escapismo con los
juegos de video por sus bajas calificaciones en la escuela, lo mejor es atacar
el problema de raíz, en vez de tolerar formas sustitutas de tratar con la
frustración. En este sentido, sería
conveniente la intervención profesional de una terapista familiar para ayudar
con el sistema familiar en conjunto.
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